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SOBREUSO: ¿Cuántos partidos jugaba un pelotero cubano?

    Por Daniel de Malas / danieldemalas@swingcompleto.com

    Se me ocurre que es hora de reflexionar un poco y quizás darle la razón a quienes por mucho tiempo alearon que los peloteros cubanos pudieron estar cansados durante años, un poco o mucho, y esto afectar su rendimiento ultramar.

    En julio del 2011 tuve la oportunidad de entrevistar en la radio a Alfonso Urquiola, que se restablecía satisfactoriamente de problemas estomacales, que le impidieron asistir al World Baseball Challenge que se estuvo jugando en Prince George, British Columbia, Canadá.

    Durante el referido diálogo Urquiola notó mi incomodidad con el resultado horrendo del pasado Torneo Interpuertos de Rotterdam, donde el Equipo Cuba vino con 5 triunfos en 9 encuentros, frente a rivales de poca monta y ningún nombre de respeto.

    Urquiola, en un acto muy profesional y razonable me comentó: “se de las ansias de la afición y la prensa, pero creo que más allá de las justificaciones, bien pudiera ser que nuestros muchachos estén un poco cansados…” además de muchos agradecimientos por el interés del pueblo en sentido general por su salud y los deseos que le fueron trasmitidos de su pronta recuperación.

    De primera mano no lo entendí así y no fui capaz de compartir la opinión del avezado manager, sin embargo, pasó el tiempo y realizado el siguiente ejercicio, todo me resultó más claro.

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    El exceso de juego que ven nuestros beisbolistas año tras año fue, entre otras muchas razones, causa de las derrotas en la arena internacional.

    Si tomamos a la Serie Nacional como inicio en este ciclo, podemos decir que cada equipo participante comenzaba su preparación en octubre (asumiendo que la SN arrancara a finales de noviembre, como fue lo tradicional por mucho tiempo) aunque algunos lo hacen antes. Incluyendo Playoffs este evento se extiende hasta finales de marzo.

    Series Provinciales exigieron la presencia de todos los peloteros en el terreno de juego (doy fe de esto por mis años como coach por Playa, en La Habana), por lo que (obviando el entrenamiento previo a la SP) estos beisbolistas vuelven al campo de mayo a junio.

    También existía la posibilidad de que uno de ellos (o varios) sean escogidos para representar al equipo nacional, por los que en ese mismo lapso estarán entrenado con la preselección y/o jugando internacionalmente.

    Pero si uno de esos peloteros hubiera sido capitalino (por poner el ejemplo que me tocó vivir), le tocó jugar la Copa Gran Habana del 16 de julio a finales de agosto (bajo un sol infernal, más allá de paradisiaco).

    ¿Qué pasaría, si uno de ellos tiene el privilegio de integrar las filas del conjunto grande y asistir a los Panamericanos y la Copa del Mundo, en septiembre y octubre de ese mismo 2011?

    Significa que esos jugadores, que a mucho orgullo y necesidad asistían a cuanto evento internacional les propongan, no tendrán descanso ninguno en todo el año, pues unas semanitas en la primavera y otras en el verano no son suficientes, para atletas que entrenan, juegan, entrenan, juegan y volvían a un ciclo interminable que amenaza su rendimiento y durabilidad, todo esto sin mencionar la atención a la familia, que era totalmente escasa bajo estos parámetros.

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    Ninguno de los beisbolistas del patio va jamás a decir que no a un torneo foráneo, donde además de representar al país, resuelven varios de los problemas reales y sienten que les ha sido retribuido en alguna cuantía el trabajo de toda una temporada.

    Antes de dejarles comparto una percepción mía sobre este fenómeno, para que ustedes “saquen sus propias conclusiones”; échenle un vistazo a Vladimir García, que fue uno de los pocos lanzadores en la historia en hacer el equipo grande como relevista, y después se convirtió en abridor “para aprender el verdadero arte de lanzar” según sus propias palabras, para en ese 2011 ser el pitcher de todos los días del playoff de lo avileños y luego incursionar en Canadá, tras los entrenamientos y topes previos a la competencia. En esos topes no le vi la velocidad acostumbrada a Vladimir y de vuelta del Challenge vino con un único ponchete despachado en las únicas entradas (5) que vio de actuación. Esto es totalmente especulativo, pero el brazo de Vladimir podría estar gritando por algún respiro.  

    O sea que ninguno de los beisbolistas del patio descansó razonablemente mientras pudo, tarea que le tocaba evidentemente a la Comisión Nacional, pues en muchas ligas internacionales las vacaciones mínimas son de tres meses consecutivos, para recuperar fuerzas y dedicar tiempo a los suyos, que bien se lo merecen.

    La Comisión debió velar por el sobreuso y abuso de nuestros atletas, y de seguro muchas carreras no hubieran acabado tan pronto y de seguro muchos eventos se hubieran jugado en mejores condiciones y de seguro…

    En fin.

    Sin más por ahora,

    Daniel de Malas Andreu.

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